Por Giancarlo Alcedo:
Hace algún tiempo atrás vi una película que me cautivó, y cada cierto tiempo la vuelvo a ver (ya perdí la cuenta de cuantas veces la he visto…) y valgan verdades, me refresca la actitud que debo tener para con la vida y me hace reflexionar con respecto a mi condición delante de Dios, de mi familia y para los demás.
Si hay algo que me he dado cuenta en esta vida es que constantemente enfrentaremos dificultades y desafíos. Estos pueden ser de todo tipo: económicos, de pareja, de salud, con otras personas, etc. Y la forma en que respondes a esos problemas habla de lo que eres por dentro: débil o fuerte de carácter, maduro o inmaduro, valiente al enfrentar retos o enclenque del alma.
Confieso que no siempre he actuado de la mejor manera ante los problemas, otras veces he buscado culpables (y que pena que la mayoría de veces ponemos de blanco de nuestra frustración y desfogue a la personas que mas amamos)
Pero ha estas alturas de mi edad (no soy viejo, tengo 33 años) ya son tantos retos y desafíos que he enfrentado, que ya aprendí a lección: No creceremos ni seremos mas fuertes en la comodidad ni en la bonanza, todo lo contrario, desarrollaremos carácter y fuerza del alma a medida que enfrentamos retos y desafíos.
Le pido a Dios su fuerza y ayuda para depender de Él y así enfrentar todo lo que puede venir. ¿Pero saben que es lo hermoso de todo esto? Que puedo mirarme a mi mismo y puedo ver que soy mejor de lo que era: mejor persona, mejor esposo, mejor padre, mejor amigo, mejor trabajador, etc.
Así que recuerda esto: cada vez que enfrentes problemas y desafíos, es la oportunidad de crecer un poco más en el corazón y te convertirás en una mejor persona cuando lo hayas enfrentado de la mejor manera.
Y cuando sientas que ya no puedes, mira al cielo, y recordarás que llegó la hora de dar el corazón:

